viernes, 22 de mayo de 2009

DE LA MUERTE SOBERANA

Extracto que me gusto de un libro que estoy leyendo =) ... "Así Habló Zaratustra" de Federico Nietzsche (en la foto).


"Muchos mueren demasiado tarde y algunos demasiado pronto.
La doctrina que dice: "¡Muerte a tiempo!" parece extraña aun.
Muere a tiempo: he ahí lo que enseña Zaratustra.
Claro que el nunca vivió a tiempo, ¿como había de morir a tiempo? ¡Que no nazcan nunca! He ahí lo que aconsejo a los superfluos.

Pero hasta los superfluos se hacen los importantes con su muerte y hasta la nuez mas hueca pretende ser cascada.
Todos conceden importancia a la muerte; pero la muerte no es aun una fiesta. Los hombres no saben todavía como se consagran las más bellas fiestas.
Yo os predico la muerte que cumple, la muerte que para los vivos viene a ser un aguijón y una promesa.
El que cumple muere de su muerte, victorioso, rodeado de los que esperan y prometen.
Así habría de aprender a morir, y no debería haber fiesta sin que tal moribundo santifique los juramentos de los vivos.
Morir así es lo mejor, y morir en el combate y prodigar una gran alma aun más grande.
Pero el combatiente y el victorioso odian por igual vuestra muerte aspaventera, que viene arrastrándome como un ladrón, y que, sin embargo, se acera como soberana.
Yo os hago el elogio de mi muerte, de la muerte libre, que viene por que yo quiero.
¿Y cuando he de querer? El que tiene un fin y un heredero, quiere la muerte a tiempo para el fin y para el heredero.
Y por respeto al fin y al heredero, no colgará ya coronas marchitas en el santuario de la vida.
En verdad, yo no quiero parecerme a los cordeleros: estiran sus hilos, y ellos van siempre hacia atrás.
Hay también quienes se hacen demasiado viejos para sus verdades y sus victorias: una boca desdentada no tiene ya derecho a todas las verdades.
Y el que quiera disfrutar de gloria debe despedirse a tiempo de los honores y ejercer el arte difícil de retirarse oportunamente.
Hay que cesar de dejarse comer en el momento en que os comienza a tomar el gusto. Los que quieres ser amados mucho tiempo lo saben.
Hay también manzanas agrias, cuyo destino es esperar hasta el último
Día de otoño. Y se ponen amarillas y arrugadas en el momento mismo en que maduran.
En unos envejece primero el corazón, en otros la inteligencia. Y algunos son viejos en su virtud; pero cuando es joven muy tarde, se conserva uno joven mucho tiempo.
Los hay que jamás están dulces; se pudren ya en verano. La cobardía es la que los tiene retenidos en la rama.
Hay demasiados que viven y permanecen fijos en una rama excesivo tiempo. ¡Venga una tempestad que sacuda del árbol toda esa podredumbre agusanada!
¡Vengan predicadores de la muerte rápida! Serian las tempestades y las sacudidas oportunas del árbol de la vida. Pero yo no oigo predicar más que la muerte lenta y paciencia con todo lo que es “terrestre”.
¡Ay! ¿Predicáis la paciencia con lo que es terrestre? ¡Lo terrestre es lo que tiene demasiada paciencia con vosotros, blasfemos!
En verdad, murió demasiado pronto aquel hebreo a quien honran los predicadores de la muerte lenta, y para muchos fue una fatalidad que muriese demasiado pronto.
Ese Jesús hebreo no conocía aun más que lágrimas y la tristeza del hebreo, juntamente con el odio de los buenos y de los justos; así le acometió el deseo de la muerte.
¡Por que no permaneció en el desierto, lejos de los buenos y de los justos! ¡Quizás hubiera aprendido a vivir y amar la tierra y también la risa!
¡Creedme, hermanos míos! Murió demasiado pronto; ¡se hubiera retractado de su doctrina si hubiese vivido hasta mi edad! ¡Era bastante noble para retractarse!
Pero no estaba aun maduro. El amor del joven carece de madurez, y así también odia a los hombres y a la tierra. Tiene aun atadas y torpes el alma y las alas del pensamiento.
Pero en el hombre hay más de un niño que en el joven, y menos tristeza: comprende mejor la muerte y la vida.
Libre para la muerte y libre en la muerte; divino negador, cuando no es ya tiempo de afirmar: así comprende la vida y la muerte.
Que vuestra muerte no sea una blasfemia contra los hombres y contra la tierra, amigos míos; eso es lo que yo reclamo de la miel de vuestra alma.
Vuestro espíritu y vuestra virtud deben inflamar aun vuestra agonía, como el arrebol del poniente inflama la tierra; si no vuestra muerte será malograda.
Así quiero morir yo para que, por mi, améis mas la tierra, amigos míos; y quiero volverme tierra para encontrar mi reposo en la que me he engendrado.
En verdad, Zaratustra tenia un objetivo; lanzo la pelota, Ahora, amigos, vosotros sois los herederos de mi objetivo; vosotros os envío la pelota dorada.
Prefiero a todo, amigos míos, veros lanzar la pelota dorada. Y por eso permanezco aun un poco sobre la tierra. ¡Perdónamelo!”
Así hablaba Zaratustra.